(Realmente ni siquiera yo sé qué quiero decir con esto de "el fantasma de la ausencia", pero hoy me desperté con esa frase en la punta de mi lengua, y vuelve recurrentemente a mí a lo largo del paso de las horas. Es complejo si se analiza como cualquier otra frase, porque hay algo que no funciona bien entre fantasma y ausencia, pero no hay relación directa entre ambas, en este caso. El fantasma no es el ausente, sino que la ausencia se personifica por su frecuentes apariciones, y el fantasma de esa ausencia es el que me persigue a mí a cada lado que voy.)
Empecé mis vacaciones y mi única compañía leal, es la soledad. Estoy rodeada de ausencias que no son ausentes, pero que no hacen presencia en mi cotidianeidad. Ya comienza a gustarme poder reencontrarme una vez más conmigo misma. Pero, hay días, en los que quisiera algo más, un poco de dependencia. Tener alguna presencia frecuente y constante, que aparezca en los momentos más oportunos y no se vaya. Me gustaría que se quede, que se mimetice y se sienta tan bien como esta ausencia presente hoy. Hoy va a ser un día largo.
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